4 de enero de 2026
La crisis política en Venezuela entró en una fase decisiva luego de que el expresidente Nicolás Maduro fuera trasladado a Estados Unidos y puesto a disposición de la Corte Federal del Distrito Sur de Nueva York, en Manhattan, donde comparecerá este lunes para enfrentar cargos de narcotráfico, conspiración criminal y narcoterrorismo, delitos que, de ser comprobados por la Fiscalía, podrían acarrear cadena perpetua.
Según las autoridades judiciales estadounidenses
, los cargos están relacionados con su presunta participación y liderazgo en una red transnacional de narcotráfico, así como con el uso del aparato estatal venezolano para facilitar operaciones criminales que impactaron directamente en territorio norteamericano. La audiencia inicial marcará el inicio formal del proceso penal y definirá las condiciones legales de su detención.
La captura de Maduro, ocurrida tras un operativo militar en Caracas, provocó reacciones inmediatas a nivel internacional y una profunda conmoción en Venezuela. Si bien el gobierno de Estados Unidos defendió la acción como un acto de justicia contra el crimen organizado, diversos actores globales han exigido respeto al derecho internacional y una transición política que priorice la voluntad del pueblo venezolano.
En el ámbito interno, la vicepresidenta Delcy Rodríguez asumió la presidencia interina, con el apoyo de las Fuerzas Armadas y el Tribunal Supremo, en un intento por mantener el control institucional y contener la crisis. Sin embargo, su legitimidad es cuestionada por amplios sectores sociales y políticos.
En las últimas 24 horas, la reacción ciudadana ha sido contradictoria. En los barrios de Caracas y otras ciudades, se percibe un ambiente de tensión, temor y cautela, con familias refugiándose en sus hogares ante la incertidumbre. En contraste, sectores de la oposición y las comunidades venezolanas en el exterior han expresado esperanza y alivio, considerando que la comparecencia de Maduro ante la justicia representa el fin de una era marcada por el autoritarismo, la corrupción y el colapso económico.
Entre la expectativa por el juicio en Manhattan y el temor por el futuro inmediato, Venezuela enfrenta uno de los momentos más decisivos de su historia reciente, con un proceso judicial que podría redefinir el destino político del país y sus relaciones internacionales.
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